domingo, 22 de enero de 2012

The Artist: El experimento del Dr. Hazanavicius

El sábado me fui a ver The Artist. Reconozco que soy una nostálgica, enamorada de todo lo que huela a celuloide, pero esto es más que una cinta que reflexiona sobre el paso del cine mudo al sonoro. Me tienta hablar del papel magistral del perro, pero es mi primera entrada y quiero que me consideréis una chica seria... Y no son pocas las cosas que se pueden comentar. Creo que lo que más me gustó es que Hazanavicius ha conseguido un equilibro perfecto en la combinación de elementos del cine mudo y del cine actual. El resultado es un film que no se ve antiguo, sino retro, que queda mejor.

Entre los elementos del cine mudo de los que prescinde el director, encontramos el característico ritmo frenético, que nos podría haber hecho enloquecer, porque cada plano es rico en contenido y las prisas no habrían sido buenas. Del mismo modo, la textura de la imagen es nítida y no hay rastro del flickeo propio del proyector. También es de agradecer el toque arriesgado de movimientos y posiciones de cámara, ya que los planos frontales y estáticos del cine clásico abrían sido decepcionantes para los tiempos que corren. Se sitúan más bien en un paso intermedio, cuando el cine empezaba a apostar más alto. De hecho, veo algo de Ciudadano Kane en este aspecto, sobre todo en las escenas que quieren plasmar la decadencia del protagonista.

Pero el film también tiene esa dimensión de documental sobre el cine mudo, porque Hazanavicius nos invita a rememorar los procesos de producción del cine clásico. El despliegue de medios técnicos y humanos era increíble. Me encanta la escena en la que utilizan un metro para calcular el punto de enfoque. Cómo cambian las cosas... También son muy curiosos los carteles escritos que encontramos en el film, ya que intuyo que están cuidados al milímetro. Aparecen sólo en los momentos estrictamente necesarios y consisten en pequeños comentarios ingeniosos, como el del arrepentido Valentin: "¡Nadie quiere verme hablar!". Y por supuesto, no se puede pasar por alto la escenografía. De hecho las escenas más llamativas son precisamente las que exageran la teatralidad de los decorados, como la escena del edificio de los grandes estudios, donde la inexistencia de la cuarta pared nos permite ver las idas y venidas de los empleados. ¿Y qué me decís del momento en que un enloquecido George Valentin decide acabar con todo resto de su pasado?. El celuloide en llamas provocó en mí la misma sensación que la escena de Ágora en la que la biblioteca es arrasada, mientras los pergaminos vuelan de un lado a otro, destrozados. No sabemos qué contenían estos materiales, pero ambos nos parece una gran pérdida cultural.

Finalmente, tengo que haceros una advertencia sobre la música (Ludovic Bource): saldréis de la sala cantando el tema principal y los efectos secundarios durarán unas horas, ¡por no hablar de su riesgo de contagio! Es simplemente genial. Aunque en ella no encuentro un recurso dramático, sino estético. Si el cine mudo utilizaba la música para resaltar la emotividad, aquí parece que lo único que se pretende es trasladarnos a otra época, del mismo modo que se utiliza, por ejemplo, el blanco y negro. El ejemplo más claro es [spoiler] la escena del reencuentro entre los protagonistas, tras la fuga de Valentine. Es el clímax dramático de su relación y es digna de una música llena de violines y melodías románticas, si nos guiamos por los cánones clásicos. Al contrario, se opta por el silencio sepulcral. Por si no quedaba claro, en esta escena se reivindica aún más la pureza visual de la película. Y el efecto es el esperado.




En fin, no suelo ser siempre tan buena, pero esta película me ha conquistado. Por eso, no puedo justificar a los que la devalúan alegando que retoma un tema ya planteado por Wilder en Sunset Boulevar o por Stanley Donen en Singin' in the rain. Ambas me encantan, son increíbles. Pero eso no hizo que me gustara menos The Artist, a la que considero única y autónoma en sí misma. Así que, espero haberos convencido. Comprad vuestra entrada YA, porque The Artist pretende algo más que contar una historia, en su esencia, simple.

4 comentarios:

  1. Me quedo contigo para aprender algo de cine...¡¡enhorabuena por la primera entrada!! :)

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  2. La escena de la imagen, cuando Peppy entra en el camerino de George, fue una de las que más me gustaron.

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    1. A mí también, la chica es genial. Apunté mil cosas para comentar, entre ellas esa escena, pero me habría salido una entrada kilométrica, así que opté por la foto :).

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  3. ¡Hala, Marina! 5 Oscars para "The Artist". ¿Estarás contenta, no? xD

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